Estrategias para desarrollar la capacidad de adaptación al cambio

No podemos obviar que vivimos en un entorno extremadamente dinámico donde lo único estable es el cambio constante, menuda paradoja. La capacidad de adaptación al cambio de manera permanente es un rasgo distintivo del s.XXI.

En este contexto, conceptos como aprendibilidad, aprendizaje autónomo y permanente se convierten en armas poderosas para evitar caer en la temida obsolescencia profesional y competitiva. Lo que dominamos hoy al poco tiempo queda desfasado en espacios temporales cada vez más cortos. Esto obliga a trabajadores, emprendedores y empresas a convivir en una cultura del aprendizaje permanente, donde la capacidad de adaptación al cambio y de adquirir nuevas destrezas a lo largo de la vida es sinónimo de supervivencia empresarial y profesional.

CLAVES: aprendibilidad, aprendizaje autónomo y continuo.

Esta capacidad es lo que denominamos comoaprendibilidad” . Créeme si te digo que es una competencia que cotiza al alza en el mundo laboral y empresarial.

Emprendedores y trabajadores deben interiorizar que buena parte de su éxito estará determinado por esta capacidad. Es importante tener claro que buena parte de lo que sabemos hacer hoy, a buen seguro quedará desfasado mañana. Surge aquí otro concepto clave: “aprender a aprender”. ¿Y qué es esto?

Aunque desde un punto de vista pedagógico existen una gran variedad de teorías y definiciones en torno a este concepto, me gusta explicarlo como la habilidad para adquirir o renovar una o varias competencias profesionales, de forma autónoma, partiendo de los conocimientos y experiencias propias, con el objetivo de continuar aplicándolas a lo largo del tiempo en un entorno profesional o empresarial determinado.

Resumiendo, podríamos decir que nuestra capacidad de autoaprendizaje será clave para sobrevivir profesionalmente en un entorno dominado por la volatilidad, la incertidumbre y la complejidad.

En este sentido, no resulta extraño comprobar cómo desde hace más de una década la propia Unión Europea viene promoviendo políticas educativas que ponen el foco en las etapas de educación superior. El objetivo es incentivar la adquisición de estas competencias clave para la superviviencia de trabajadores y organizaciones en el ecosistema laboral.

Centrándonos en un ámbito estrictamente empresarial, las organizaciones del siglo XXI necesitan personal y directivos muy capacitados. Pero no sólo a nivel de conocimiento y experiencia, sino también con competencias desarrolladas en los ámbitos del aprendizaje autónomo.

A ello puede contribuir la incorporación con carácter transversal, en los planes de formación del personal, de iniciativas formativas dirigidas a potenciar el desarrollo de estas competencias. Por ejemplo, crear experiencias de aprendizaje dirigidas a trabajar aspectos relacionados con la resiliencia puede ser importante, ya que está demostrado que las personas resilientes tienen una gran capacidad de adaptación a los cambios.

Desarrollar capacidad de adaptación al cambio

¿Y cuáles son los rasgos distintivos de las personas resilientes?

Según mi propia experiencia y las muchas lecturas que sobre este tema he realizado, estos son algunos de sus rasgos distintivos:

  • Presentan una gran capacidad de adaptación, ya que aceptan el cambio como algo necesario para poder avanzar.
  • Son muy sociables y empáticas. Saben conectar rápidamente con las personas y entenderlas. Necesitan estar en contacto permanente con otros compañeros o profesionales buscando la constante retroalimentación y enriquecimiento.
  • Tienen una alta tolerancia a la frustración y a la incertidumbre. Donde muchos ven miedos y temores, una persona resiliente ve oportunidades.
  • Son personas altamente autónomas, flexibles y con un alto grado de optimismo.

¿Y acaso no piensas que todas estas características de las personas resilientes pueden ser extrapolables a un entorno empresarial? Veamos…

  • ¿Puede una empresa ser resiliente?
  • ¿Una empresa debe tener capacidad de adaptación?
  • ¿Puede ser sociable y empática?
  • ¿Debe tener una alta tolerancia a la incertidumbre?

Creo que coincidirás conmigo en que las respuestas a estas preguntas nos llevan a concluir que una empresa debe ser resiliente sí o sí.

Y es que una organización resiliente tendrá una mayor capacidad de anticipación y, por tanto, de reacción para afrontar problemas y salir de ellos con mayor facilidad y muy probablemente, salir de forma airosa de situaciones de crisis, lo que a futuro, puede constituir una importante ventaja competitiva frente a la competencia.

Toda organización que quiera subirse al carro de la resiliencia, deberá apostar por el desarrollo de una cultura organizacional basada en la proactividad, que ponga el foco en su mayor activo, el capital humano, diseñando e implementando estrategias encaminadas a crear entornos de trabajo resilientes. Después de todo, no podemos perder de vista que “son los trabajadores y miembros de la empresa quienes dan vida a la misma, desarrollan los procesos, y más importante aún: son la imagen que atiende a nuestros clientes”.

Por supuesto, el diseño de estas estrategias siempre debe partir de un análisis pormenorizado de la realidad y particularidades de cada organización, por lo que siempre recomiendo ponerse en manos de buenos profesionales. De igual forma, si eres emprendedor y quieres potenciar tus habilidades para afrontar la cultura del cambio no como una amenaza, sino como una oportunidad, sabes que puedes contactar conmigo, puedo ayudarte.

Ningún miembro del equipo puede ganar un partido por sí mismo.”