Cómo gestionar el tiempo para hablar bien en público

Seguro que a lo largo de tu vida has hecho frente a situaciones en la que has tenido que hablar en público. Ponerte delante de una audiencia para transmitir un mensaje y quedar paralizado, en blanco, no saber qué decir ni qué hacer. Lo llaman “miedo escénico” y sobre él hemos hablado ya en nuestro blog, pero ahora me gustaría mostrarte cómo puedes hacerle frente, ¡vamos allá!

Como ya sabes, todo emprendedor, directivo o profesional al frente de un área, departamento o equipo de trabajo, tarde o temprano se verá en la tesitura de tener que hablar en público ante una audiencia que desea conocer su experiencia o las claves en torno a un tema en el que es experto.

Es cierto que el nivel de tolerancia y capacidad para gestionar el miedo escénico depende de cada persona. Sin embargo, puedes emplear técnicas o herramientas para minimizar su impacto, reduciendo el riesgo de sufrir ansiedad o estrés por tener que hablar en público y afrontarlo con la mayor naturalidad y seguridad posibles.

Junto a las claves que ya conoces, en este post aprenderás a trabajar un aspecto esencial para esquivar esta fobia y convertirte en un buen orador: la gestión de los tiempos.

En primer lugar, debes ser consciente que en toda comunicación pública intervienen dos tipos de tiempos sobre los que articular tu estrategia de intervención. Por un lado, el tuyo propio, es decir, aquel que necesitas para transmitir tu idea, tu punto de vista, tu mensaje. Por otro, el tiempo disponible que te han concedido, el cual vendrá determinado por las características del acto o evento en el que participarás.

Piensa que no tendrás el mismo tiempo disponible en una conferencia en la que eres el único participante, que en un congreso en el que cada ponente cuenta con tiempo de intervención reducido o si participas en una mesa redonda. Por el contrario, si tu intervención se desarrolla en un contexto formativo, como por ejemplo puede ser un taller o una “masterclass”, el tiempo cambia.

Así pues, el tiempo disponible variará de una tipología de evento a otro, y, por tanto, tu trabajo de gestión de los tiempos debe ser diferente. Independientemente de las particularidades del evento en el que realices tu comunicación, es muy importante ser muy respetuoso con el cumplimiento del tiempo que te concedan.

Piensa que perder la noción del tiempo cuando hablas en público es muy habitual. El tiempo parece detenerse, pero lo cierto es que transcurre a una velocidad de vértigo y, lo que es peor, ¡no te das cuenta! Así que es muy importante que tomes conciencia de ello, de lo contrario corres el riesgo de:

  • Prolongar tu discurso demasiado, provocando aburrimiento entre el público al que te diriges y cuya atención pretendes captar.
  • Dar la sensación de que no te has preparado tu intervención, lo que da muestras de cierta falta de respeto hacia el público, la organización del acto e incluso hacia el resto de personas que intervendrán y que verán disminuido su tiempo.
  • Que corten tu intervención, impidiéndote trasladar la totalidad del mensaje que tenías previsto, ya que habrás dejado ideas en el tintero, además de no permitir a la audiencia trasladarte alguna pregunta o solicitar alguna aclaración, en relación a tu mensaje.

Por todo ello, es importantísimo que prepares tu comunicación al tiempo disponible. ¿Cómo conseguirlo? La clave: trabajar concienzudamente en la fase de preparación del discurso. 

Cuando tienes un tiempo perfectamente acotado, la primera reflexión que debes hacer consiste en determinar qué quieres decir. Es decir, cuáles son las ideas principales sobre las que debes trabajar para alcanzar un objetivo de comunicación. Es lo que se conoce como “ideas fuerza”. Clave: ¡identifica las ideas fuerza!

Ordena estas ideas de forma lógica y, de acuerdo a la importancia de cada una de ellas, determina sobre cuáles puedes o debes detenerte un poco más. Puede ser porque necesiten de una mayor argumentación, introducción de ejemplos, experiencias o vivencias personales.

Una vez tengas identificadas las ideas clave, plantea un inicio que enganche previo al desarrollo del mensaje que quieres transmitir y cierra con un final que lo refuerce y ayude a que el público se vaya con las ideas claras.

Tanto al inicio como al final de la intervención, siempre es interesante recurrir a experiencias o situaciones personales que despierten las emociones de tu audiencia. Ello te ayudará a conseguir que tu público empatice, se enganche a ti desde el minuto 1 y se marche con la sensación de haber vivido una experiencia memorable. La clave: ¡conecta emocionalmente con tu público!

Independientemente del tiempo disponible con el que cuentes, siempre debes respetar esa cadencia de inicio, desarrollo y final. Por lo tanto, si no planificas bien tu discurso de acuerdo al tiempo disponible, corres el riesgo de que corten tu intervención, rompiendo así con la secuencia lógica del discurso y no conseguir los objetivos que pretendías alcanzar.

Una vez has decidido cuáles son las ideas fuerza e identificado sobre cuáles de ellas deberás realizar un mayor esfuerzo de argumentación, comienza a redactar el desarrollo del mensaje. Ello te exigirá realizar un gran esfuerzo de síntesis, pero piensa que es más importante trasladar una sóla idea con convicción y profundidad, que muchas de forma superficial. Así que procura tener siempre el foco apuntando hacia las ideas fuerza. 

Ya tienes el contenido, así que reloj en mano comienza a ensayar pronunciando el discurso las veces necesarias hasta que hayas conseguido ajustar tu intervención al tiempo que tendrás disponible.

Durante este proceso, deberás valorar sobre qué argumentos debes profundizar,  reducir o, incluso, eliminar. Una vez has conseguido ajustar tu discurso al tiempo disponible, estás preparado para pasar a la acción y entrar en escena. 

Por otra parte, es importante no perder de vista que cuando hablas en público, aunque hayas preparado meticulosamente tu intervención, perderás la noción del tiempo o, incluso te vendrán a la cabeza anécdotas o situaciones en las que no habías reparado durante el proceso de preparación del discurso, pero que en ese momento te parece interesante o necesario introducir.

Mucho cuidado con esto, ya que modificar el plan establecido sobre la marcha, puede hacerte romper con la gestión de los tiempos que habías planificado y mandar al traste todo el trabajo de preparación previo.

Por este motivo es importante ser consciente de ello e intentar tener controlado, en todo momento, el tiempo disponible. Sólo así podrás decidir, en décimas de segundo, si introduces esa anécdota no prevista o, por el contrario, haces caso omiso y continúas con el plan establecido.

Si utilizas algún tipo de documentación, puede ser útil marcar en ella los tiempos de corte o tiempos de paso, lo que te servirá como guía de referencia para determinar si estás cumpliendo los tiempos que habías establecido. Recuerda siempre preparar tu intervención en torno a las ideas fuerza, respetando la cadencia de desarrollo en torno al tiempo disponible, es fundamental para desarrollar intervenciones públicas doblemente eficaces. 

Piensa que no se trata sólo de qué o cómo lo dices, sino también en cuánto tiempo lo dices. Así que aprender a gestionar adecuadamente el tiempo es una pieza clave para hablar bien en público y que como has visto, requiere de un importante trabajo de preparación. Espero que este post te haya sido de ayuda y antes de lanzarte a practicar lo aprendido, me gustaría conocer tu experiencia cada vez que tienes que hablar en público:

¿Padeces el temido miedo escénico? ¿Cómo lo afrontas? ¿Cómo te sientes? ¿Qué sensaciones has experimentado? ¿Aplicas alguna técnica que te ayude a gestionar el tiempo?

Puedes comentarme tus experiencias a través de los diferentes canales sociales. ¡Te leo pronto!