10 actitudes clave para presentar, hablar y convencer en público

¿Las actitudes pueden ser entrenadas y adquiridas? En esta entrada hablo de ello y cómo puedes entrenar las actitudes adecuadas para hablar bien en público y superar el temido miedo escénico cada vez que debas enfrentarte a una audiencia.

¿Para emprender, qué son más importantes, las actitudes con “c” o las aptitudes con “p”? Las actitudes y las aptitudes. Eterno debate sobre la importancia de unas sobre otras cuando hablamos de emprender.

Se trata de una pregunta recurrente que a menudo da pie a iniciar una interesante conversación acerca de la acción de emprender y, sobre todo, en relación a las características y cualidades que debe reunir la persona que inicie un proyecto empresarial propio. 

Pero antes de continuar, me gustaría aclarar ambos conceptos. La actitud con “c”, se refiere al ánimo o la predisposición con la que afrontamos la realización de una tarea o una situación concreta. Por su parte, la aptitud con “p” hace referencia a todas aquellas experiencias de aprendizaje (formales o informales) que nos capacitan para ejecutar adecuadamente una tarea u ocupación determinada.

Teniendo en cuenta ambas acepciones, si las extrapolamos al ámbito del emprendimiento: ¿cuál piensas podría tener una mayor importancia a la hora de iniciar una aventura emprendedora? ¿Las actitudes con “c” o las aptitudes con “p”? Personalmente y sin duda alguna, apuesto por las actitudes con “C”. Sí, con “C” en mayúscula.  

Para mí, emprender es una actitud en sí misma. Una actitud ante la propia vida que evoca cualidades de la persona importantes y muy demandadas en el mundo profesional de hoy, tales como la iniciativa o la creatividad. Y esto, si lo piensas, podría dar para otro debate: ¿las actitudes pueden ser adquiridas al igual que las aptitudes?

Mi respuesta a esta pregunta sigue siendo afirmativa, aunque es evidente que aquellas personas que posean estas cualidades de forma innata, gozarán de una gran ventaja con respecto de las personas que no cuenten con ellas “de serie”.

Mucho se ha escrito sobre cuáles deben ser las actitudes idóneas con las que debe contar un emprendedor. Incluso podríamos pasar horas enumerando e intercambiando impresiones sobre ellas. No obstante, considero que en el mundo del emprendimiento  son actitudes claves:

  • La pasión por el proyecto. ¡Tu proyecto!
  • La perseverancia ante las adversidades que tarde o temprano aparecerán.
  • La paciencia necesaria para avanzar dando incontables pequeños pasos a lo largo de toda la vida. Mentalízate, emprender es una actitud que tiene un comienzo, pero no un final.
  • La flexibilidad y capacidad de adaptación permanente al cambio, al reciclaje y la reinvención, tanto personal como profesional.

De todas ellas, excepto la pasión (la cuál será la única exigible), pueden ser entrenadas y, por tanto, adquiridas si tienes lo más importante: la pasión. Con ella, no habrá actitud ni aptitud que se te resista.

Por otra parte, resulta muy curioso comprobar cómo cada vez que intentamos acotar cuáles son las actitudes y cualidades más importantes para emprender, pocas veces se hace referencia al arte de comunicar o hablar bien en público. Seguro que has oído hablar del miedo escénico, ¿verdad?

Como persona que lidera un proyecto, tarde o temprano deberás enfrentarte a una audiencia. Ya sea para presentar tu iniciativa a posibles inversores o, simplemente, como ponente invitado a un encuentro profesional sobre tu sector. Evidentemente, aquellas personas que de forma innata sean más extrovertidas, tendrán menos dificultades para afrontar estas situaciones con la actitud adecuada. 

Si no es tu caso, tranquilo, puedes trabajarlo y ya sabes que si tienes pasión, acabarás siendo un excelente ponente u orador si te lo propones. Así que sólo se trata de ponerte manos a la obra y entrenar aquellas actitudes que te ayuden a superar estos miedos, los cuales son totalmente normales. 

Si lo piensas, las actitudes son muy importantes a la hora de hablar en público. Después de todo, son un elemento más y esencial del mensaje que intentas transmitir a tu audiencia. Y es que si no eres capaz de adoptar una actitud adecuada a la hora de emitir un mensaje, tendrás grandes posibilidades de provocar rechazo entre quienes te escuchan, impidiéndote conectar con tu interlocutor.

Cada vez que asisto a una conferencia, a un encuentro profesional, a una reunión con clientes o con mis equipos de trabajo, las actitudes que más aprecio en las personas que intentan transmitir un mensaje son las que denotan respeto, compromiso y, sobre todo, motivación. 

Qué me dices si te digo que puedes vencer al miedo escénico simplemente trabajando estas actitudes y siguiendo unas sencillas pautas. Puedo asegurarte que a mi me han sido (¡y son!) de gran utilidad cada vez que he tenido (¡y tengo!) que exponer una propuesta de valor, defenderla ante un inversor o acudir como ponente a una charla, coloquio o mesa redonda.

Mentalízate: la herramienta de trabajo más poderosa con la que cuentas es la de preparar lo más minuciosa y detalladamente posible tu intervención. Sólo así conseguirás eliminar inseguridades, anticiparte a posibles situaciones incómodas, además de mostrar respeto, compromiso y motivar a las personas a las que te diriges. No hay más secreto.

A continuación, te doy pautas valiosas para el antes, el durante y el después de tu intervención. ¡Vamos allá!

PRIMERO: Debes ser autoridad en la materia. No hables de lo que no sabes. A la hora de esbozar tu discurso, plantéate qué valor quieres y puedes aportar a los demás para focalizar el desarrollo del mensaje y refuérzalo hacia lo que deseas comunicar. Estructura tu mensaje en base a las ideas clave que quieres transmitir, tus propuestas de valor.

SEGUNDO: La experiencia es un grado. Redacta lo que vas a decir a partir de las ideas clave identificadas e intenta apelar, en la medida de lo posible, a tus propias experiencias personales y profesionales. Utiliza ejemplos propios que puedan resultar cercanos a las personas que te están escuchando, lo que te ayudará a buscar su complicidad y engancharlos a tu mensaje desde el minuto uno.

TERCERO: No dejes nada al azar y evita la improvisación, lidiar con ella no es nada fácil. Recuerda que improvisar puede denotar ausencia de preparación, interés y hasta falta de respeto hacia las personas que van a escucharte.

CUARTO: Adapta tu mensaje. La entonación y el vocabulario a utilizar al perfil, características y particularidades de las personas que te escucharán, así como al espacio en el que se desarrollará tu intervención o los recursos con los que contarás. Todo ello condicionará el mensaje, así que no dudes en contactar con los organizadores del evento, charla o encuentro y solicítales la información que necesites.

QUINTO: Cumple con el tiempo que te han concedido para intervenir. Es vital que adaptes tu intervención teniendo en cuenta el tiempo disponible, con ello evitarás tener que  preocuparte del cronómetro durante tu intervención. Ensaya para asegurarte que serás capaz de transmitir tus propuestas de valor en el tiempo asignado y elimina el estrés que supone estar pendiente del tiempo. ¡Tienes tu discurso perfectamente medido!

SEXTO: Cuida el vestuario. Te guste o no, la apariencia forma parte del mensaje. En cualquier caso, lo recomendable es elegir una ropa que cumpla los siguientes requisitos:

  • Te sientas cómodo con ella y que no te distraiga, ¡no te compliques!
  • Sea acorde al público al que te diriges.
  • Cumpla con el protocolo exigido de acuerdo al tipo de acto (académico, empresarial, reunión de equipo de trabajo…). 

Acudir con la vestimenta adecuada de acuerdo al tipo de acto en el que participas como orador denota una actitud de respeto hacia la audiencia y los propios organizadores. ¡Es importante!

SÉPTIMO: Llega al acto con la suficiente antelación. Ello te permitirá saludar y romper el hielo con los asistentes y resto de participantes. Además, podrás familiarizarte con el entorno donde se desarrollará tu intervención, ayudándote a ir venciendo el temido miedo escénico.

OCTAVO: Inicia tu intervención saludando genéricamente, evitando el riesgo de no nombrar a alguien que sí deberías. Te recomiendo iniciar con un “Queridas autoridades, organizadores, amigos y amigas, muchas gracias por invitarme, enhorabuena…”.

Piensa que cada persona que dejes sin nombrar provocarás en ella un rechazo hacia ti y tu intervención.

NOVENO: Sé asertivo ante opiniones opuestas. Si hay turno de preguntas o intercambio de opiniones con la audiencia a la que te diriges, sé siempre amable y respetuoso con las opiniones vertidas por los demás, ya sean positivas o negativas. Puedes combatir o contrarrestar ideas o puntos de vista, pero siempre desde el respeto hacia la persona. Recuerda: ¡la asertividad es una actitud básica!

DÉCIMO: No abandones el acto tras tu intervención, sobre todo si aún quedan más personas por intervenir. Si es importante llegar con la antelación suficiente, no lo es menos quedarte a escuchar el resto de intervenciones, salvo causa de fuerza mayor.

Además de ser una actitud de respeto hacia el resto de participantes, te permitirá entablar conversaciones, ya de una forma más relajada, con los asistentes y participantes. Seguro que podrás recoger un feedback muy valioso y llevarte más de un contacto interesante para tu proyecto.

Como has podido comprobar, las actitudes tienen un papel clave en el desarrollo de habilidades profesionales. Muchas de ellas podrán ser innatas en la persona, pero en cualquier caso, siempre pueden ser entrenadas con el objetivo de potenciar tus habilidades y competencias emprendedoras, como por ejemplo, las relativas a presentar, hablar y convencer en público. 

Si necesitas apoyo durante el desarrollo de estas habilidades, puedo ayudarte y guiarte mediante mi servicio de consultoría en Dirección y Liderazgo. No dudes en solicitar información a través de los canales de comunicación que te facilitamos.